Devoción eucarística
La Sierva de Dios Zita expresaba muy simplemente su amor a Jesús y reconocía Su presencia cariñosa arrodillándose delante del gran Crucifijo en madera colgado a la derecha de la puerta de entrada de la parte del edificio que ocupaba en Zizers (fotografía). Si pasaba en coche delante de una iglesia, se persignaba en señal de adoración. Por esta fuerte razón , cada vez que pasaba delante de una capilla, aunque estuviera cerrada la puerta, ella hacía la genuflexión tanto como su edad se lo permitía. Luego, cuando sus fuerzas físicas mermaron demasiado “ella pasaban nunca delante de una capilla (ni por supuesto delante de un tabernáculo) sin expresar su respeto con una inclinación y un momento de silencio. Colocaba este testimonio sin preocuparse de que podía alguien verla”.
Del mismo modo, para expresar su respeto y prepararse a acoger en su cuerpo el Cuerpo de su Salvador, pasaba largos minutos para prepararse a la Muy Santa Misa y aún más para recogerse en acción de gracias. Varios testigos hablan de cerca de 15 a 30 minutos de preparación y 30 minutos para la acción de gracias por ejemplo. Incluso la mantilla que llevaba a veces le servía para crear un recogimiento interior. “Su asiduidad a los Oficios monásticos era notable, como su amor de la Eucaristía, en el Santo Sacrificio de la Misa y en la adoración del Santísimo Sacramento”. No se satisfacía con una única misa al día! “La primera misa era a 7:00, que iba seguida de dos otros. Su Majestad seguía, tanto como sus fuerzas se lo permitieron, las tres Santas Misas sucesivamente y sólo iban a continuación a tomar su desayuno”.
¡No se satisfacía con una única misa al día! “La primera misa era a las 7:00 de la mañana, que iba seguida de otras dos. Su Majestad seguía, tanto como sus fuerzas se lo permitieron, las tres Santas Misas sucesivamente y sólo iba a continuación a tomar su desayuno”.
La Sierva de Dios aprovechaba pues de su presencia en estos lugares religiosos donde el rezo comunitario, la presencia de capillas con el muy Santo Sacramento volvían fácil estas devociones. Pero ya cuando estaba en ella, en sus distintos exilios, siempre había hecho arreglar una capilla en su residencia como lo muestran las fotografías y lo prueban los testimonios de Madeira, Lekeitio, Steenokkerzeel, Quebec etc… “el Señor Abad Parent está muy impresinado espiritualmente por la vida de familia que se lleva en el Chalet San José [de Quebec]. El domingo por la tarde todos los niños asisten a visitar al Muy Santo Sacramento. Sólo después de esta santa y católica práctica en la que el alma habla con DIos (…) y después de la misa - en la cual todos comulgan - es invitado el Sr. Abad Parent a almorzar con la familia”. Esta práctica era por otra parte entonces de uso en las parroquias el domingo por la tarde.
Cuando de verdad su estado no se lo permitía ya, seguía la Santa Misa por Radio Vaticano, que escuchaba regularmente, o inclusive por la televisión para seguir los grandes acontecimientos de la Iglesia como el cierre del Año Mariano de 1988. Pero en cuanto su salud se lo permitía, reanudaba su ritmo ascético habitual.
Su devoción eucarística se extendía obviamente al gran respeto por el sacramento del Orden. Cuando el Papa hablaba, siempre se emocionaba en su corazón. Las fotografías ponen de manifiesto que veneraba siempre devotamente el anillo de los obispos. Cedía siempre el paso incluso a un simple sacerdote.