La investigación diocesana
En el caso de una persona no mártir quien al morir deja una reputación de santidad (fama sanctitatis) y señales, puede ser objeto de un proceso de beatificación a partir de 5 años después de su muerte (el tiempo para evitar caer en la emoción y la precipitación, malas consejeras) pero antes de los 30 años. Eso ocurre en primer lugar en la diócesis de la muerte o allí donde el Siervo de Dios vivió la mayor parte del tiempo posible en particular en los 10 últimos años de su vida o allí donde tenía más vínculos. Buscamos en efecto principalmente testigos de cargo y descargo, susceptibles de tener un muy grande conocimiento del Siervo de Dios en distintas etapas de su vida.
Un actor, que promueve la causa en particular asumiendo sus gastos, elige a un postulador quien pide al obispo la apertura.El cual, hechas comprobaciones y consultas, puede aceptar la causa. Los Teólogos censuran (= comprueban) los escritos publicados para comprobar su santidad y ortodoxia y la rectitud de las costumbres. Historiadores deben reunir todos los demás documentos útiles para conocer mejor su vida. Pero el proceso se referirá sobre todo a las declaraciones de los testigos si allí tiene aún (reciente causa, opuesta a antigüedad). Se constituye a un tribunal eclesiástico integrado por un juez, notario y un promotor de justicia (hasta cierto punto el representante del promotor de la fe = abogado del diablo en Roma, comprobando el procedimiento). Ellos escuchan las declaraciones de los testigos las que quedan asentadas en actas escritas. Se toma juramento a los todos los participantes.
El postulador no puede asistir al proceso pero firmará todas las actas al final.