Beatificación

a. Solo Dios es santo
Como lo dice la Gloria, solo Dios es santo. La luz de Dios puede ser ocultada por nuestros pecados o reflejarse como la luna refleja la luz solar, si se es suficientemente transparente a la vida de Cristo en nosotros por el Espíritu Santo. La luna no emite pero difusa, reflexiona, transmite la luz solar, que solo tiene su fuente en el Padre. Adoramos pues solo a Dios (culto de la Trinidad) pero veneramos a los santos (culto de dulía y para la Virgen María, más perfecta que los santos: hiperdulía). Un santo es pues alguien que, no solamente está ciertamente en el Paraíso y que su alma contempla a Dios cara a cara pero además es digno de ser imitado. Es aún además un intercesor eficaz ante Dios para nosotros los que estamos vivos en la tierra en camino hacia El (viatores), permitiéndole obtener de Dios gracias y favores. Contrariamente a otras religiones (tipo romano pagana), nunca la Iglesia ha dicho que tal persona está en el infierno (damnatio memoriæ). Sólo se compromete para algunas personas afirmar que está en el Paraíso.
b. Definiciones: bienaventurado y santo; mártires y confesores
Los procesos que han tenido éxito cruzan dos grandes etapas:
- la beatificación (bienaventurado, beatus en latín. A este nivel allí, el culto es oficialmente local, limitado a una diócesis o unas congregaciones religiosas).[1].
- la canonización (santos inscritos en la lista, kanon en griego, de los santos. La primera lista es el rezo eucarísticoI o canon romano. El culto es universal. Una forma de autoridad magisterial próxima a la infalibilidad está en juego: la Iglesia se compromete sobre el hecho de que el santo está bien en el Cielo).
Existen dos categorías de procesos de un Siervo de Dios según el tipo de muerte:
- mártir: la persona muerta por Jesucristo debido a la fe o virtudes vinculadas al ejercicio de ésta. Proceso sobre el martirio (acto). Es el caso más noble ya que imita a Cristo hasta en la muerte.
- muerte no violenta: En ese caso, el proceso se referirá al ejercicio heroico de las virtudes. Son confesores de la fe (la profesan por su vida).