8 de septiembre de 2009
Asociación para la Beatificación de
la Emperatriz Zita
Abbaye Saint-Pierre, 1 place Dom Guéranger, 72300 Solesmes
8 de septiembre de 2009
Hace veinte años, el 14 de Marzo de 1989 exactamente, Dios se llevó a la emperatriz Zita. Sus funerales solemnes, celebrados según el antiguo ceremonial imperial, en Viena, habían recordado al mundo entero la historia de la que fue la última emperatriz de Austria y reina de Hungría.
Nacida el 9 de Mayo de 1892, cerca de Lucca, en Italia, la princesa Zita de Borbón-Parma se casa con el archiduque Carlos de Austria, sobrino-nieto del emperador Francisco-José, en 1911. Esta unión satisface a las exigencias dinásticas, pero representa también un matrimonio entre dos seres unidos por un amor profundo, y nutridos por la misma fe cristiana.
En 1914, el asesinato del archiduque Francisco-Fernando, heredero del trono de Austria-Hungría, deja a Carlos en la posición de sucesor directo al emperador. En 1916, a la muerte de Francisco-José, el joven archiduque -tiene veintinueve años- pasa por lo tanto a ser el emperador Carlos I de Austria y IV como rey de Hungría.
En medio de la Primera Guerra mundial que asola el continente, su primera preocupación es restablecer la paz. Usando la diplomacia secreta, el nuevo soberano abre negociaciones con todos los beligerantes. Algunas discusiones con los Aliados, en 1917, se realizan por el intermedio de los príncipes Sixto y Javier de Borbón-Parma, hermanos de la emperatriz Zita, oficiales en el ejército belga. Desgraciadamente, nadie tomará la mano tendida del emperador Carlos.
Su segunda preocupación, es la justicia social. Por voluntad del soberano, se crea en Austria-Hungría un ministerio de la Salud pública y de la Asistencia social, el primero de este tipo en Europa.
Nacida el 9 de Mayo de 1892, cerca de Lucca, en Italia, la princesa Zita de Borbón-Parma se casa con el archiduque Carlos de Austria, sobrino-nieto del emperador Francisco-José, en 1911. Esta unión satisface a las exigencias dinásticas, pero representa también un matrimonio entre dos seres unidos por un amor profundo, y nutridos por la misma fe cristiana.
En 1914, el asesinato del archiduque Francisco-Fernando, heredero del trono de Austria-Hungría, deja a Carlos en la posición de sucesor directo al emperador. En 1916, a la muerte de Francisco-José, el joven archiduque -tiene veintinueve años- pasa por lo tanto a ser el emperador Carlos I de Austria y IV como rey de Hungría.
En medio de la Primera Guerra mundial que asola el continente, su primera preocupación es restablecer la paz. Usando la diplomacia secreta, el nuevo soberano abre negociaciones con todos los beligerantes. Algunas discusiones con los Aliados, en 1917, se realizan por el intermedio de los príncipes Sixto y Javier de Borbón-Parma, hermanos de la emperatriz Zita, oficiales en el ejército belga. Desgraciadamente, nadie tomará la mano tendida del emperador Carlos.
Su segunda preocupación, es la justicia social. Por voluntad del soberano, se crea en Austria-Hungría un ministerio de la Salud pública y de la Asistencia social, el primero de este tipo en Europa.
Esposa y madre de familia
Durante sus dos años de reino, de 1916 a 1918, la emperatriz Zita estará al lado de su marido, apoyando todas sus iniciativas. Al mismo tiempo, la pareja lleva una vida ejemplar, marcada por una gran piedad y recompensada con el nacimiento de ocho hijos.
Al final de la guerra, Austria-Hungría es desmantelada, y el emperador, obligado a renunciar al poder. Exiliado en Suiza, intenta dos veces, en 1921, de volver a recuperar su trono en Hungría. Después del segundo fracaso, los soberanos son relegados por los Aliados a Madeira. Allí es donde, el 1. De Abril de 1922, Carlos de Austria sucumbe a una neumonía, a la edad de treinta y cuatro años. Inhumado en la iglesia de Nossa Senhora do Monte, sigue descansando allí.
Con la edad de treinta años, viuda, encinta de un niño que nunca conocerá a su padre, despojada de todo recurso, la emperatriz Zita comienza un largo exilio: España, Bélgica, Quebec, Estados Unidos. Durante todos estos años, sigue fiel a sus principios y asegura la educación de sus hijos. Habiendo huido Europa en 1949, vuelve después de la Segunda Guerra mundial. Pero es solo en 1982, después de sesenta y tres años de exilio, que puede pisar el suelo austriaco. Cuando vuelve a la Casa del Padre, es después de una larga vida que se desarrolló bajo la triple señal de la fe, de la esperanza y de la caridad.
El 3 de Octubre de 2004, el papa Juan-Pablo II beatificó al emperador Carlos, llevando a feliz término una causa abierta en 1949. La Iglesia ha inscrito la memoria del beato Carlos de Austria a la fecha del 21 de Octubre, día en el que Zita y él se casaron. Un símbolo fuerte. No hay duda que la vida edificante de la emperatriz Zita, su fe inquebrantable, su fuerza moral en las pruebas hacen de ella también un ejemplo: un modelo de esposa y de madre cristiana. Por sus lazos familiares que trascendían las fronteras, la emperatriz Zita es también un símbolo de paz entre las naciones.
En una época en la que la institución familiar es el objeto de graves ataques, la Iglesia quiere promover la imagen de esposos unidos por una fe intensa: se vio hace poco con Luis y Zélie Martin, padres de Santa Teresa. Después de la beatificación del emperador Carlos, ¿podría la emperatriz Zita ser beatificada a su vez?
Una causa abierta en la diócesis de Le Mans
La Asociación por la Beatificación y la Canonización de la Emperatriz y Reina Zita, Esposa y Madre de familia, acaba de constituirse. Aprobada por el Obispo de Le Mans, Monseñor Yves Le Saux, cuenta como miembro de derecho, en su consejo de administración, con el Reverendo Padre Abad de Solesmes, Dom Philippe Dupont.
La Asociación por la Beatificación y la Canonización de la Emperatriz y Reina Zita, Esposa y Madre de familia, acaba de constituirse. Aprobada por el Obispo de Le Mans, Monseñor Yves Le Saux, cuenta como miembro de derecho, en su consejo de administración, con el Reverendo Padre Abad de Solesmes, Dom Philippe Dupont.
Los demás miembros del consejo son todos laicos: el Sr. Jean Sévillia, presidente de la asociación, periodista y escritos, autor de una biografía sobre la emperatriz Zita (Zita, impératrice courage, éd. Perrin) y de otra biografía del emperador Carlos que acaba de salir (Le dernier empereur, Charles d’Autriche, éd. Perrin); S.A.R. la Princesa Françoise de Borbón Lobkowicz, sobrina de la emperatriz Zita; la Sra. Elizabeth Montfort, secretaria general de la asociación; el Sr. Jean Peynichou; el Conde François de Rambuteau; el Sr. Jean-Marie Tissot, tesorero de la asociación.
Desde el punto de vista del derecho de la Iglesia, esta asociación es el actor de la causa de beatificación de la emperatriz Zita, encargada de sostenerla. La asociación procedió al nombramiento de un postulador, cuya tarea es llevar la investigación sobre la vida de la emperatriz: el Reverendo Padre Cyrille Debris, sacerdote de la archidiócesis de Rouen en Francia, historiador de formación.
Para llevar a bien esta investigación, el apoyo de la familia de la emperatriz será indispensable. S.A.I.R. el Archiduque Rudolf de Austria, el mayor de los nietos de la emperatriz Zita, aportará su ayuda a la asociación, para facilitar su trabajo.
Lo necesitamos
¿Cómo apoyar esta causa? Primero por la oración. Desde ya se pueden pedir gracias a Dios por la intercesión de la Sierva de Dios Zita de Borbón-Parma, Emperatriz de Austria y Reina apostólica de Hungría.
La asociación prevee realizar diversas acciones e informará sus miembros de ellas: conferencias, intervenciones en los medios de comunicación, etc.
La Asociación por la beatificación de la Emperatriz Zita necesita su apoyo. Llevar a cabo un proceso de beatificación supone algunos gastos, de manera que la investigación sobre la Sierva de Dios Zita de Borbón-Parma pueda ser llevada a cabo en cada lugar donde ella vivió, en Europa como en América. Un comisario de cuentas será el garante de la sana gestión de nuestra asociación: los adherentes estarán también informados.
El Presidente, Jean Sévillia